soliloquio

Soliloquio y yo

Conversaciones con Muza

Pues andaba en una de mis conversaciones habituales con Muza, cuando me puse a repasar los trabajos para clientes que he hecho desde que empezara en esto del mundo del diseño y la ilustración. Le decía a mi enjaulado amigo la cantidad de webs, campañas, promos y buenos diseños que tengo guardados en el cajón, y que sólo ven la luz cuando de vez en cuando les echo un vistazo.

Envalentonado por su silencio, le voy explicando que también he acumulado muchas ilustraciones hechas por placer durante estos años, y que nadie (o muy poca gente) ha visto. Al escucharme pienso que, si yo fuera un amigo, le sugeriria que se hiciera una web, y que las colgara, que las mostrara, aunque sólo fuera por que no murieran en una carpeta de su ordenador.

Me contesto que no sé si hacerlo, puesto que no tengo un estilo claramente definido, que dibujo e ilustro según lo que me apetece, que no tengo una herramienta preferida, y que tal vez el único denominador común es que las he hecho porque me apetecía y porque me inpiré en algo o en alguien que en aquel momento pasaba por mi vida.

Nadie me rebate, señal de que mi argumento no es relevante.

Así que, autoconvencido, accedo a crearme este rinconcito, y tomo nota mental de ir colgando las ilustraciones hechas en el último año (serán tal vez las que seguiran una línea similar), o aquellas que nazcan en mis futuros momentos de ocio.

Y es entonces cuando me parece que Muza me mira y me dice “Anda, dame la pipa y déjame en paz”.